12 junio 2007

Amo al fútbol

Es irracional. Es absurdo. No tiene sentido que un grupo de personas se pongan a ver a otras 22 pegándose por dar patadas a una cosa así como redonda. Es el opio del pueblo. Al igual que antes, cuando los romanos, había pan y juegos, ahora hay fútbol. El dinero que mueve es inmoral… Se han oído y leído ya tantos argumentos en contra que no se sabe cómo es que sigue vivo. Y el caso es que sigue.

Y yo lo celebro. Porque amo al fútbol. Ya lo dijo Jorge Valdano una vez: “Hay dos tipos de espectadores: aquellos que aman el fútbol y aquellos que aman la moda o el fenómeno social. Estos últimos son los peligrosos”. Yo me considero claramente de los primeros.

Y… ¿por qué? ¿Cómo es que se puede “amar” un deporte? Pues en la pregunta está la respuesta. El amor es irracional. Te da y te quita. Te pone de los nervios, pero también te hace llegar al éxtasis. Noches como la del pasado sábado no hacen sino reafirmarme en ello. Ese sentimiento de unidad, de grupo, que tanto anhelan los hombres se ha trasladado al fútbol. Ya no hay en Europa guerras, pero sí partidos de
Champions League. El mítico entrenador del Liverpool Bill Shankly afirmó solemnemente: “Mucha gente piensa que el fútbol es un juego a vida o muerte… pero es mucho más importante que eso”. Creo que tiene razón. No se puede definir con palabras lo que siento y sienten muchos.

Creo que una vez Woody Allen habló del deporte, no sé si en concreto del fútbol, pero vino a decir que lo que más le gustaba del deporte era esa capacidad de variar los finales, de hacer cambios de guión imposibles para cualquier guionista profesional. Si un deporte se puede definir así ese sería el fútbol. ¿A quién se le ocurriría ayer, durante el Zaragoza-Madrid y el Barça-Español, que en apenas 18 segundos toda una liga pueda cambiar por completo? A nadie. El fútbol saca a luz las grandezas, las miserias y a la diosa fortuna cada dos pro tres. Albert Camus dijo de él que “todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Tan malo no creo que sea.

Retrotrayéndome en el tiempo, ahí tenemos la final de Estambul, con el Milan ganando 3-0 al descanso, viendo como en 6 minutos todo el trabajo se fue al garete, para encima acabar perdiéndola en la tanda de penalties. Creo que la Historia pocas veces ha mostrado de una forma tan clara la injusticia de la fortuna. Recuerdo que aquella noche escribí algo… como esto:

“Gracias fútbol por hacerme vibrar, por llevarme como un trocito de papel en una corriente de aire: de abajo a arriba y así todo el rato. Gracias fútbol por hacerme pensar que en la vida real no siempre gana el guapo, otra cosa son las películas. Gracias por hacerme soñar, reir, temer, gritar y casi llorar... Mil gracias Milan, Liverpool, fútbol”.

Eso es todo. A lo lejos creo oir un estadio canta, a lo lejos. Sólo me queda decir: “Dios salve al fútbol”.



30 mayo 2007

17 mayo 2007

Another chance

Nunca creí en segundas oportunidades. Realmente, siempre pensé que la vida es como la metáfora de los trenes. Partes de una, vas pasando por muchas hasta que llega una parada final. En los autobuses es mucho más gráfico. Mucha gente pregunta al conductor: "perdona, ¿dónde muere esta línea?"... del mismo modo que mueren las esperanzas.

Vulgo vulgaris he de envainármela otra vez. Resulta que sí que existen segundas oportunidades (aunque sigo pensando que no en todos los apartados de la vida). Hoy una voz me ha dado una nueva oportunidad, o mejor dicho, otra oportunidad - another chance. Una voz que apenas había oído, pero que hablaba en nombre de una voz que oigo mucho. A falta de novia, sé que al menos esa voz siempre está ahí, para hablarme, para distraerme... Tampoco es una voz al uso, sino más bien un compendio, una voz coral. No es otra que la voz de la radio. Desde que he llegado a casa, hará ya unas 7 horas, no ha dejado de acompañarme: La final de la UEFA (qué grande es el fútbol), unos breves retazos de política y el incombustible "Hablar por Hablar". Es curioso, hoy oigo el boletín de una forma diferente.

Porque hoy me han llamado para que tenga la segunda oportunidad de cumplir un sueño: trabajar en la Cadena SER. Es cierto que mi primera experiencia radiofónica fue con Onda Cero (en estos instantes tengo en frente mío un cuaderno con su logo), algo de lo que estaré eternamente agradecido. Con sus más y sus menos, sus pros y sus contras, el verano pasado en Onda Cero fue un gran verano desde lo personal hasta lo profesional, algo que siempre agradeceré. Pero si te llama la SER es como si te llama el Madrid. Pude entrar una vez y no lo hice. No va a volver a pasar. Este verano, y esta vez lo digo desde mi mayor satisfacción, pase lo que pase (
salvo causas extremas) estaré en la SER.